Un trabajo que permita vivir dignamente: ¿un futuro abandonado?

Debe insistirse en ese proyecto de sociedad y en el futuro que imaginaron quienes sacrificaron su vida por hacer del derecho laboral lo que fue; sin olvidar, que el trabajo es un ámbito de realización humana, que da dignidad, y es esencial para el bienestar individual y social

Por: Mauricio Lenis Gómez Lun, 05/01/2017 - 15:13
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Automatización del trabajo
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Foto: tomada de la página web de la OIT.

Este 1 de mayo, como se viene haciendo desde 1889, se conmemora el día internacional de los trabajadores. En esta fecha se honra a aquellos trabajadores que lucharon por la reivindicación de derechos laborales y la construcción de una sociedad justa. Pero también es una oportunidad para reflexionar sobre lo que sucede con el trabajo y la seguridad social en nuestras sociedades, y el rol que actualmente desempeñan los movimientos de los trabajadores.

Desde hace varias décadas esta reflexión es cada vez más compleja en el mundo en general; situación que no es ajena a América Latina o a Colombia, aunque tiene particularidades propias del contexto de cada uno de los países. Y es compleja porque los cambios acelerados que se presentan en nuestras sociedades están cuestionando permanentemente las protecciones tradicionales asociadas al trabajo; y generando nuevos conflictos relacionados con la forma o el contenido del trabajo mismo, y con las condiciones en que se trabaja.  

Diversos factores explican dichos cambios, pero quizás actualmente sea más sensible el que proviene del campo de la tecnología.  Ésta ha implicado un nuevo paradigma productivo; pérdida de puestos de trabajo, aún en países en los que la remuneración de la mano de obra es barata; otras formas de hacer negocios (empresario complejo que se apoya en plataformas tecnológicas); y nuevas formas de trabajo, de contratación de servicios, y de control sobre el trabajador (tecnosubordinación). En este último aspecto, en algunos casos dicho control ha sido desmedido, aún por fuera de los horarios de trabajo. Es por ello que en algunos países, como en Francia, se ha regulado el uso de la tecnología en el manejo de las relaciones laborales. 

Para algunos, las predicciones sobre el fin de trabajo fueron exageradas; para otros, son una realidad. Lo cierto es que es el trabajo dependiente, sustentado en los discursos del trabajo protegido y regulado, ha venido decreciendo frente al aumento de diversas formas de trabajo independiente y no protegido. Si bien ello ha generado en algunos casos oportunidades laborales y mayor movilidad para cierto grupo de trabajadores, incluso con salarios altos, para la gran mayoría de trabajadores ha implicado condiciones laborales inadecuadas o precarias, sin cobertura de seguridad social y bajos ingresos. En otros casos, también ha implicado más trabajo, puesto que las personas deben trabajar un mayor número de horas para poder satisfacer sus necesidades básicas; es lo que algunos denominan la “trampa de la autonomía”.

En relación con la seguridad social, este sistema está desarticulado en muchos países; los regímenes de pensiones no están protegiendo contra la inseguridad financiera de la vejez, y en particular, las AFP o fondos de pensiones privados que han sido un fracaso en América Latina. Por su parte, los sistemas de salud y las administradoras de riesgos laborales, generalmente, no brindan sus servicios basados en la prevención de la enfermedad o del accidente, sino que prestan servicios netamente curativos o de asistencia técnica.

Los movimientos de los trabajadores están debilitados debido a la dificultad para establecer vínculos colectivos en el trabajo, y a la falta de representatividad de aquellos; ambos aspectos han incidido en la tasa de afiliación sindical.

Pero si el anterior panorama es complejo, ¿qué celebramos este 1 de mayo? Celebramos ese momento en la historia de la humanidad en la que el derecho laboral cumplió su promesa; en la que a través del trabajo las sociedades lograron brindar bienestar a sus miembros y avanzar en la materialización de principios necesarios para la cohesión social, como la igualdad y la solidaridad.

Insistir en la construcción de un nuevo derecho laboral parece haberse convertido en un lugar común, pero realmente no lo es. La regulación laboral cada vez más se aplica a un menor número de trabajadores, bien por diferentes prácticas empresariales que evaden la relación laboral, bien por las nuevas formas de trabajo o de contratación de servicios. No obstante, ninguna sociedad debería renunciar a  la construcción de un marco regulatorio que garantice un trabajo decente para todos.

El deber constitucional de todo Estado es proteger a los individuos y crear las condiciones para que tenga una vida digna. Las protecciones asignadas al trabajo son una de las “buenas formas” de crear dichas condiciones. Por ello, es preciso proteger el trabajo en general, independientemente de la modalidad en que se realice. Como lo ha indicado el jurista italiano Umberto Romagnoli, el derecho laboral debe considerar al trabajador como una persona que construye un proyecto de vida personal a través del trabajo y tiene necesidad de un razonable paquete de beneficios cuando trabaja, dependiente o autónomo. Se trata de un bienestar centrado en el estado de una ciudadanía.

Lo anterior no parece ser una tarea fácil. En primer lugar, por la presencia de ciertas narrativas que se han vuelto predominantes en el campo del trabajo; principalmente aquellas que bajo la idea de la competitividad de las empresas promueven la desregulación o la flexibilización laboral extrema, y prácticamente despojan al trabajador de sus derechos; así como las que consideran los derechos laborales como privilegios, desconociendo que son eso, derechos. En segundo lugar, por el aumento de fenómenos como la tercerización irregular que fragmentan la actividad económica del empleador en un sinnúmero de subcontrataciones, y a medida que avanza la cadena las condiciones son más precarias. En tercer lugar, porque ese modelo de trabajo asociado a situaciones laborales que no constituyen un empleo de calidad, tiende a afianzarse, y algunos lo consideran “normal”.

Debe seguirse insistiendo en ese proyecto de sociedad y en el futuro que imaginaron quienes sacrificaron su vida por hacer del derecho laboral lo que fue; sin olvidar, que el trabajo es un ámbito de realización humana, que da dignidad, y es esencial para el bienestar individual y social.