El primero de mayo como fecha internacionalista

Es una fecha para reclamar la presencia de la clase trabajadora en el corazón de las sociedades. Su historia se liga con las luchas y las conquistas obreras.

Por: Antonio Baylos Lun, 05/01/2017 - 16:19
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Es una fecha para reclamar la presencia de la clase trabajadora en el corazón de las sociedades. Su historia se liga con las luchas y las conquistas obreras. Hoy es un momento que protagonizan los sindicatos, que salen a la calle con sus banderas y sus canciones para recordar que la riqueza del mundo la crea el trabajo, aunque no en todas estas manifestaciones se recuerde también que se la apropia el capital. La Confederación Sindical Internacional ha declarado, ante este 1º de mayo, que “los logros de generaciones de trabajadores y trabajadoras, que se celebran en este día, están sometidos a ataques continuos y sistemáticos, dado que las poderosas multinacionales y un puñado de personas inmensamente ricas son quienes establecen las reglas de la economía mundial”. 

Esta Confederación ha presentado un panorama global desolador: “Decenas de millones de mujeres y hombres están sometidos a condiciones de esclavitud moderna, y muchos más constituyen la mano de obra oculta de las cadenas de suministro, se les deniega el derecho a establecer sindicatos o a recibir un salario mínimo vital, y a menudo están sometidos a condiciones de trabajo peligrosas y denigrantes. El 40% de la mano de obra mundial está atrapada en la economía mundial, sin disfrutar de derechos y llevando una existencia precaria. El venenoso dogma de la austeridad, diseñado para transferir aún mayores riquezas al 1%, afecta particularmente a las mujeres y frena cualquier perspectiva de progreso respecto a los grandes desafíos de nuestros tiempos”. Y ni siquiera una situación general de paz a nivel global está asegurada. En efecto – prosigue la CSI – “con más de mil millones de personas afectadas por la violencia o la inseguridad, y cientos de miles situados en primera línea de conflictos armados, la amenaza de nuevas guerras nunca es muy remota. No puede haber paz sin derechos humanos, y es la garantía de los derechos humanos, incluidos los derechos fundamentales de los trabajadores, lo que sienta las bases para la prosperidad y la paz.”

La situación a nivel global es ciertamente preocupante. El dominio pleno de la financiarización de la economía rompe las reglas democráticas país por país, región por región. Para el sindicalismo internacional, eso implica que “el sistema económico se ha roto, y las reglas deben revisarse, por y para la mayoría y no solo unos pocos”.

En América la situación política plantea una enorme confusión. No sólo por la presencia al frente de los USA de un neoliberalismo agresivo que refuerza el unilateralismo a nivel global de forma preocupante, sino por el ascenso de formas autoritarias en las relaciones políticas, sociales y, naturalmente, laborales, que cobran además carta de naturaleza en otros regímenes del continente. Las imposiciones financieras del pago de la deuda asfixian a las naciones, desde Puerto Rico y el Caribe hasta el sur. El caso más llamativo es el de Brasil, con un gobierno surgido de un golpe institucional que está procediendo a liquidar el patrimonio de derechos creados durante la democracia y ampliados bajo la presidencia de Lula y posteriormente de Dilma, y en donde se ha efectuado el 28 de abril una huelga general de enorme amplitud. Pero las tendencias presentes en Argentina, con el gobierno Macri, denotan una cierta convergencia de objetivos negativos para las clases trabajadoras. Sólo el desarrollo positivo que se está dando en Colombia como consecuencia del proceso de paz y la victoria de Lenin en Ecuador dan un contrapunto positivo a este escenario extraordinariamente preocupante. Pero en general se aprecia un “retorno a la agenda neoliberal” que implica  ataques muy incisivos a los derechos laborales, la protección social, los salarios y las garantías para la negociación colectiva, lo que ha acelerado los niveles de pobreza y exclusión en la región. 

Y ante esta situación la Confederación Sindical de las Américas (CSA-CSI), “reivindica que la pauta de lucha de los sindicatos a nivel nacional debe incorporar, necesariamente, el enfrentamiento al neoliberalismo y sus instrumentos, los tratados de libre comercio e inversión y el papel de las empresas multinacionales, como beneficiarias de la agenda neoliberal. Igualmente la defensa de la democracia frente a la agresiva y conservadora agenda de los factores de poder, reivindicando la integración y la soberanía de nuestros pueblos como camino necesario a la construcción de una agenda alternativa con garantía de los derechos, democracia y sustentabilidad social y ambiental”, y prepara una “Jornada Continental por la Democracia y Contra el Neoliberalismo” junto a sus organizaciones afiliadas y los movimientos sociales aliados, “para enfrentar en unidad y movilización de los pueblos a quienes son los principales beneficiarios de la agenda conservadora y neoliberal”.

En Europa, la Confederación Europea de Sindicatos (CES) convoca a las manifestaciones del 1º de mayo en el marco de dos de sus campañas centrales, la del aumento salarial generalizado en Europa, con la propuesta de un salario mínimo europeo, y la de desarrollar el pilar social europeo en un sentido amplio y desarrollado. El sindicalismo europeo entiende que hay que dar comienzo a un cambio de ciclo en las reivindicaciones desarrolladas en cada país sobre la base de que las políticas de austeridad deben darse por terminadas, y por tanto comenzar un camino de recuperación de condiciones de trabajo, comenzando por los salarios como primera exigencia. 

En el sindicalismo europeo sin embargo, las diferentes situaciones de partida se materializan en prioridades diferentes. No es lo mismo el sindicalismo de los países endeudados, afectados de manera brutal por las políticas de austeridad, que la problemática acuciante del Brexit para los sindicatos británicos, o la relación directa entre los escenarios políticos que se sustancian en este año en importantes países europeos, en especial en Alemania. Además, la división sindical sigue siendo en algunas naciones, como señaladamente en Francia, un elemento negativo para las reivindicaciones sindicales.

En España, el sindicalismo confederal ha podido organizar 73 manifestaciones en todo el país, lo que implica una amplia capacidad de inserción en el tejido social y una presencia colectiva extremadamente bien arraigada. Los objetivos del primero de mayo no dejan de lado los espacios de negociación con el poder público, en especial en materia de protección social, pero están principalmente dirigidos a la CEOE-CEPYME en la línea ya señalada por la CES de un cambio de tendencia respecto de la devaluación salarial y la degradación de las condiciones de trabajo y de empleo de estos últimos años.  Tarea no ha de faltar, y la proximidad del Congreso de CCOO en junio de este año seguramente dará más pistas sobre la presión que ha de llevar consigo en los lugares de trabajo y en las calles una estrategia de movilización en este sentido.

Mañana veremos en los diarios las imágenes de estas movilizaciones a lo largo de todo el mundo, que darán sentido al carácter internacionalista de la fecha. Como resume la CSI, “durante 130 años, este día ha sido una ocasión para celebrar la solidaridad y rendir homenaje a todos aquellos que sacrificaron tanto en la causa por la justicia social. En 2017, el Primero de Mayo nos brinda una vez más la ocasión para demostrar la fuerza y la determinación de la clase trabajadora frente a la opresión, dar muestras de solidaridad dentro y fuera de las fronteras nacionales, y avanzar en la tarea de construir un mundo mejor”. Es un buen resumen plenamente asumible.