Centralidad del trabajo en la formación técnico profesional

La relación educación y trabajo ocupa un lugar central en el conjunto de principios que orientan todo sistema de formación profesional. Es un deber plantearse la noción de “trabajo” en el marco de esta relación, a fin de otorgar un sentido de autonomía y realización personal a los estudiantes, más que de control y disciplina.

Por: Franciso Villa Lezana Jue, 12/14/2017 - 13:14
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Foto tomada de la página web del SENA.
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Importancia del Trabajo en la vida de las personas.

El trabajo como concepto integrador, dador de sentido para el proyecto de vida de toda persona,  es mucho más que el concepto de empleo, ocupación o puesto de trabajo.  El trabajo, más allá de constituir un factor productivo básico que debe ser adecuadamente remunerado en el mercado laboral, representa un conjunto de derechos y libertades que deben ser protegidos y fomentados.  Pero el trabajo es, por sobre todas las cosas,  una dimensión fundamental de la vida humana: es factor de socialización, formación y humanización, es ámbito de desempeño de roles sociales y desarrollo de aptitudes, talentos y vocaciones.  El trabajo, además, es una forma de práctica social: es ámbito privilegiado para la acción y relación social, crea entramado social, organización, institucionalidad, cultura, lenguaje, valores y conductas socio-laborales.

El significado y la centralidad del trabajo en la vida de las personas constituyen lo central en las representaciones sociales que ellas tienen sobre el trabajo. La relación entre los sujetos y el trabajo resulta un tema fundamental en la construcción identitaria y de las trayectorias de vida. En el caso de los jóvenes, el trabajo contribuye a configurar su identidad en interacción con contextos laborales y sociales cambiantes y complejos.

Representaciones sociales acerca del Trabajo y de su significado.

Las personas y los diferentes grupos sociales construyen significados, visiones y  creencias sobre el trabajo. Las representaciones sociales sobre el trabajo engloban el universo laboral de  manera amplia y también de manera acotada. Los estudios al respecto se focalizan en jóvenes, en mujeres, en minorías sociales, en trabajadores de las diversas actividades económicas del campo y la ciudad, así como en la variada gama de profesionales. Las representaciones sociales sobre el trabajo cubren también el espacio social de la empresa, las condiciones de trabajo, la innovación tecnológica y hasta la identidad profesional o laboral. 

En el ámbito educativo ha sido de interés indagar en las representaciones sociales acerca del trabajo de los estudiantes, especialmente de los que están próximos a egresar de la enseñanza media y que deben optar por continuar sus estudios de nivel superior o ingresar al mercado laboral. 

En relación al trabajo, en general, se han identificado dos tipos de orientaciones normativas básicas de carácter social: una de ellas está en relación con las obligaciones y deberes de las personas con respecto a la sociedad, la otra se refiere a las obligaciones y deberes de la sociedad con respecto a las personas. La primera orientación da lugar a la creencia de que el trabajo es una obligación de las personas, mientras que la segunda origina la creencia de que el trabajo es un derecho. Quienes consideran que el trabajo es una obligación creen que deben colaborar y contribuir a la sociedad a través de su esfuerzo;  aquellos que lo conciben como un derecho consideran que deben contar con un trabajo satisfactorio, que se les debe proporcionar formación, perfeccionamiento y participación en las decisiones respecto a su trabajo.   

Una misma persona puede entender el trabajo, a la vez, como obligación y como derecho, es decir no son creencias excluyentes de manera necesaria.Las representaciones y reglas sociales mencionadas descansan sobre bases ideológicas que contribuyen a establecer la ética moderna del trabajo. Las sociedades, sobre este tema, plantean premisas tales como: para vivir hay que trabajar; de lo contrario no se logra sobrevivir;  trabajar es algo bueno, no hacerlo es algo malo. El discurso socioeconómico respecto al trabajo también evidencia sus supuestos: trabajar es la forma normal de existir, no hacerlo resulta anormal.  El trabajo tiene valor moral superior, su mérito es reconocido y recompensado por la sociedad.

¿Por qué trabaja la gente?, es una pregunta relevante en toda reflexión sobre el trabajo.  Las razones para trabajar pueden ser: de carácter instrumental, en tanto que actividad remunerada o no remunerada;  en cuanto a considerar al trabajo como fuente de placer; a plantearse el trabajo como actualización o labor apropiada a las habilidades e intereses propios; estimar el trabajo como institución social que integra la persona a la sociedad, otorga estatus social y posibilita la expresión de valores. Por otra parte, se han desarrollado diversas teorías sobre la motivación para trabajar, como la teoría económica (trabajo y ocio), la teoría de las necesidades, la teoría del refuerzo y las teorías cognitivas.   

En los estudios sobre el trabajo, se suelen considerar también los valores y las actitudes.  Estas últimas por ser observables son muy importantes en términos de comportamiento laboral.  Particularmente han sido estudiadas las actitudes de confianza, implicación, compromiso y satisfacción laboral.

Realidad del Trabajo en el modelo de desarrollo neoliberal.

La reflexión actual sobre el trabajo, como tarea de los gobiernos, los organismos internacionales, las instituciones académicas o las organizaciones sociales, al menos en América Latina, se focaliza casi exclusivamente en los problemas del mundo laboral, en los indicadores de desempleo o subempleo, en los niveles salariales, en las barreras de acceso al trabajo para las mujeres, los jóvenes, la población indígena, los inmigrantes. Son temas de este discernimiento también, la sucesión de ciclos económicos expansivos y recesivos, su impacto en el empleo, en la protección de los derechos laborales y en la política activa del mercado de trabajo.

Cuando el trabajo mismo no contribuye a la autorrealización personal, ni posibilita la creatividad, ni acrecienta la libertad, sino que somete, disciplina y esclaviza, el trabajo como esfuerzo y el producto de ese esfuerzo, aparecen como extraños o ajenos al propio trabajador. Este es el tema que la sociología marxista clásica aborda en términos de “trabajo enajenado”.  Las condiciones de trabajo, duras e inhumanas para los obreros europeos a mediados del siglo XIX, en plena revolución industrial, motivaron este tipo de estudios de la realidad laboral de la época.Las formas de trabajo enajenado quedaron definitivamente instaladas en el sistema de producción y durante los siglos XIX y XX hasta nuestros días, han evolucionado de la mano con las transformaciones de la economía mundial.

La economía neoliberal, globalizada y de mercados abiertos ha afectado sustancialmente al mundo del trabajo. La seguridad, la estabilidad, las organizaciones sindicales fuertes, la protección de los derechos laborales, logros propios de un Estado de Bienestar, se han ido reemplazando por la flexibilidad laboral, la subcontratación, la informalidad, la precariedad, la desprotección, el riesgo del desempleo, la desregulación social y estatal de los mercados de trabajo.  En la economía neoliberal importa fundamentalmente impulsar políticas que fomenten la formación de capital humano para hacer más productivas y competitivas a las empresas.

 Diversos aspectos del trabajo humano se han constituido en temas privilegiados para la reflexión de filósofos, intelectuales o investigadores. Hannah Arendt, por ejemplo, al abordar la cuestión del trabajo, se refiere al carácter duradero del mundo en el cual le corresponde al homo faber  una misión reificadora, en cuanto a fabricar la materialidad del mundo. Destaca en ello la experiencia de la instrumentalidad que determina todo el trabajo y la fabricación. La instrumentalización que el homo faber ejerce sobre el mundo, termina degradando todas las cosas, convirtiéndolas en medios, incluida la Naturaleza. Estas ideas tienen hoy resonancias ambientalistas, especialmente cuando se piensa en las actuales formas, estructuras y organización del trabajo contemporáneo puesto al servicio de la economía global.  

Los docentes técnicos y la importancia pedagógica del Trabajo.

Los profesores, como grupo profesional específico, tienen o sustentan  representaciones sociales acerca de la noción “el trabajo”, tal  como tienen representaciones acerca de la práctica de la enseñanza.  

Los docentes que se desempeñan en las instituciones educativas que tienen por misión la formación técnica y profesional de los jóvenes, tienen sus propias representaciones sociales sobre el trabajo, las que comparten con sus estudiantes en los espacios formativos de aula y taller.  Los docentes de especialidades técnicas, que tienen bajo su responsabilidad el aprendizaje de los estudiantes para el “saber hacer”,  en cada uno de los oficios o profesiones, pueden influir significativamente en ellos para la elaboración de sus conceptos de trabajo, para sus correspondientes valoraciones, para el modelamiento de actitudes respecto al trabajo y de la propia  construcción  de sus identidades laborales.   

En la relación educación y trabajo interesa señalar la importancia pedagógica del trabajo, a partir de un discernimiento filosófico que considere al trabajo desde la perspectiva de la experiencia humana, que señale su relevancia axiológica y las exigencias éticas del hombre de trabajo, que aborde el trabajo como praxis dadora de significado y de sentido. La importancia pedagógica del trabajo es incuestionable si se considera que el trabajo también es acción, es actividad, es praxis, es experiencia, es obra; el trabajo es teoría y práctica, pensamiento y acción; la persona “es” en el trabajo; el trabajo es un concepto dinámico: transforma y es transformado.

En la formación técnico profesional el trabajo debiera ser eje vertebral del discurso pedagógico. “El trabajo” debe estar considerado en los objetivos de la formación profesional, en el contenido pedagógico, en la metodología y también en la didáctica de la acción. En definitiva, se trata de avanzar a una pedagogía del trabajo que tenga presente el desarrollo de la personalidad y la cualificación; que considere la enseñanza, el clima de aprendizaje y la cultura de la empresa. La relación educación y trabajo no debiera focalizarse exclusivamente en los aspectos instrumentales y utilitarios de tal relación, debe considerar también los contextos culturales en los que se instalan y desarrollan las formas sociales del trabajo, como construcción colectiva.

La constitución de una pedagogía del trabajo, que sea más que un mero discurso educativo, encontrará serios obstáculos en la medida que las representaciones sociales de los docentes sobre el trabajo, mayoritariamente estén alineadas con el discurso neoliberal dominante que permea a los sistemas educativos en cuanto a considerar el trabajo, exclusivamente, como la palanca para acumular el capital.

Un aspecto relevante entonces es el cómo los docentes plantean a sus alumnos, en situación de enseñanza-aprendizaje, sus representaciones sociales acerca de la noción “trabajo”. Dicho de otro modo, cómo estas representaciones encuentran espacio en el discurso didáctico de los docentes, que tienen bajo su responsabilidad la enseñanza técnica en los procesos de formación profesional.La convivencia de docentes y estudiantes en el espacio del aula, inevitablemente supone un contexto didáctico, más aún cuando existe el propósito declarado de transferir conocimientos, experiencias o valores a los alumnos. 

El trabajo, como tema de interés docente,  puede encontrar cabida en la enseñanza como objetivo, como contenido o como método y su relevancia formativa dependerá de qué tipo de didáctica utilizará o empleará cada profesor.  Reconociendo que toda Didáctica es una teoría de la enseñanza, puede verse operando en la educación, tal como lo señala  Alicia R.W. De Camilloni, tanto una Didáctica del Sentido Común, como una Didáctica Pseudoerudita o una Didáctica Erudita.

Tratamiento del tema del Trabajo en nuestras instituciones de formación profesional.

La Formación Técnico Profesional (FTP) forma técnicos y profesionales para incorporarlos al “mundo del trabajo”. No obstante, las representaciones sociales que sobre el “trabajo” tienen los docentes de la FTP, asimilan este concepto al “proceso de ganarse la vida” o a una ocupación, empleo o puesto de trabajo.  Las conceptualizaciones sobre la idea de trabajo, así como las percepciones respecto al trabajo efectivo que realizan las personas, están condicionadas por los contextos socioculturales e históricos.  Esto explicaría, en parte, el hecho de que mayoritariamente los docentes técnicos hayan adoptado el discurso empresarial sobre el trabajo.

Bajo la simple observación de las rutinas docentes y prácticas de aula en la FTP se puede constatar que la orientación que los docentes técnicos tienen respecto del “trabajo”, adopta las siguientes formas: 

  1. Una percepción del “trabajo” de carácter instrumental, funcional y práctico, todo ello planteado esencialmente desde el sentido común;
  2. Enfatizan más en la idea del trabajo como un derecho, que en la idea del trabajo como una obligación con la sociedad;
  3. El tema del trabajo se trata con los alumnos fuera de los contextos sociales e institucionales en los que se dan las relaciones laborales efectivas; se trata sólo en el marco de las reglas de “hacer bien las cosas” o “ser buenos profesionales”;
  4. Las conversaciones en el aula sobre el trabajo, cuando se realizan, surgen por iniciativa de los propios docentes, ya que en la mayoría de los casos este tema no está incluido en el Plan de Formación.  Tales conversaciones se centran preferentemente en las oportunidades de acceso a “un buen empleo” y en los niveles salariales o de ingreso que se pueden obtener.
  5. En la mayoría de los docentes falta una sólida concepción formativa del trabajo, impidiéndoles visualizar la “relevancia pedagógica del trabajo” en la formación profesional.
  6. La enseñanza de las especialidades, básicamente, se da en el contexto de una Didáctica de Sentido Común que se expresa en reglas de uso práctico, lemas o metáforas dadoras de sentido, pero sin un fundamento espistemológico ni metodológico claro y  consistente.

La relación Educación y Trabajo ocupa un lugar central en el conjunto de principios que orientan a todo sistema de formación profesional.  Es un deber plantearse la noción de “trabajo” en el marco de esta relación, a fin de otorgar un sentido de autonomía y realización personal a los estudiantes, más que de control y disciplina.

Consideraciones finales.

Para hacer del “trabajo” un concepto abierto, comprensivo,  integrador, humanista, incorporado a los Proyectos Educativos Institucionales de los establecimientos de formación técnico profesional, lo apropiado es:

Abrir un amplio debate sobre el rol que se le asigna a la formación técnico profesional en el marco del Sistema Educacional, como dispositivo institucional diseñado para dotar de capital humano a las políticas de Gobierno sobre crecimiento y desarrollo, inspiradas en el modelo globalizador neoliberal. Sólo así  se pueden evidenciar las implicaciones ideológicas, políticas, económicas, sociales, culturales y ambientales que están tras las exigencias de una mayor productividad en el trabajo, de una mejor calidad en el desempeño de los trabajadores, técnicos y profesionales y, de como ello condiciona el Perfil de Egreso para los estudiantes de la educación técnico profesional.

Que el profesorado tome conciencia de la doble subordinación socio-laboral que afecta a los jóvenes que estudian para obtener un título de técnico de nivel medio o de nivel superior. La primera, es una subordinación social para la mayoría de los estudiantes de la educación técnico profesional, por estar en una modalidad educativa destinada a sectores de bajos ingresos. La segunda, es una subordinación laboral que los estudiantes experimentarán al tener que adaptarse a las formas sociales que hoy tienen los distintos sistemas de trabajo al interior de las empresas, en donde la disciplina irreflexiva y acrítica es la principal garantía de estabilidad laboral.

Promover en las comunidades educativas de los establecimientos de formación técnico profesional, diálogos permanentes sobre el tema del “trabajo”, que esclarezcan su naturaleza social, su valor antropológico y formativo; que explore también su significado para el proyecto de vida de cada estudiante.  Estos espacios conversacionales permitirían ir transformando las concepciones ingenuas y descontextualizadas que sobre la educación y el trabajo tienen aún muchos docentes.  

Realizar experiencias innovadoras en los propios establecimientos de formación profesional, para darle al trabajo expresión pedagógica, curricular, didáctica y evaluativa que vaya asegurando su mayor presencia y relevancia en los planes de formación. Un esfuerzo de esta naturaleza se puede sistematizar y difundir para ir instalando, progresivamente una cultura y, por qué no, una pedagogía del trabajo construida desde las experiencias de aula como un proceso de transformación de las propias prácticas docentes.

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Referencias:
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  2. Arendt, Hanna. 1993. La Condición Humana. Barcelona, España. Ediciones Paidos.
  3. Berdichewsky, Bernardo. 2002. Antropología Social. Santiago de Chile. Ediciones LOM.
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  5. Chirinos, María Pía. 2006. Claves para una Antropología del Trabajo. Pamplona, España. Ediciones Universidad de Navarra.
  6. De Camilloni, Alicia R.W. 2007. El Saber Didáctico. Argentina, Editorial Paidos.
  7. Descouvieres, Carlos. 1988. Psicología Económica. Santiago de Chile. Editorial Universitaria.
  8. Fernández Díaz, Andrés y otros. 2002. Política Económica. Madrid. Mc Graw Hill.
  9. Freinet, Celestine. 1971. La Educación por el Trabajo. México. Fondo de Cultura Económica.
  10. Giroux, Henry. 2000. Los profesores como Intelectuales Transformativos. Santiago de Chile. Revista Docencia N°15, Colegio de Profesores.
  11. Hopenhayn, Martín. 1988. El Trabajo, itinerario de un concepto. Santiago de Chile. Pet-CEPAUR,
  12. Marx, Carlos. 1968. Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844. México. Editorial Grijalbo.
 

 

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